EL SER PRINCIPIO DE ESTUDIO DE LA FILOSOFIA UN ACERCAMIENTO DESDE LA METAFISICA.
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Date
2009
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Publisher
Universidad Católica Luis Amigó
Abstract
Desde la antigüedad, ya Parmenides evidenciaba una preocupación por el ser y su posición en el mundo. La Pregunta por la correspondencia entre lo ontico y lo ontológico ya dejaban entrever un interés notable por desentrañar lo que en términos de la armonía y la reciprocidad entre ser y ente hacían del hombre un ser para sí, y por supuesto para el mundo. Parmenides, presentaba pues, de acuerdo a una de las tantas interpretaciones que se a dado a su filosofía, más que una división entre lo ontico y lo ontológico, una correspondencia entre ambos; El ser se entiende entonces en términos del pensar, donde el silencio como enunciación divina equivale al no ser, no como contraposición sino como la posibilidad de escuchar lo que del origen mana y aporta a su interacción con el otro en lo que se ha denominado como la doxa, o camino de la opinión: “Menester es al decir, y al pensar, y al ente ser, porque del ente es ser y no ser del no ente”. Sin embargo, en un evento ulterior, Platón, en el Sofista, refiere a la existencia de las cosas, no solo en mención de ellas, sino, si éstas además del concepto tienen una correspondencia sensible con lo que nombran. La filosofía Platónica plantea entonces, una división con respecto a la propuesta de Parmenides, esto es, la división entre lo ontico y lo ontológico, donde el no ser ya no se comporta como lo hacia ver Parmenides en términos del silencio sino como contraposición al ser; el concepto Ser, en términos platónicos tiene una correspondencia con el ser, pero el no ser deacuerdo a lo propuesto en el sofista, no encuentra refugio en una “realidad “ sensible, el concepto no tiene un fundamento, por tanto, el no ser, es, como contraposición al ser. Para Aristóteles el ser se dice de muchas maneras, el ser se nombra entonces en los términos de la metafísica Aristotélica, como Substancia; su búsqueda se orienta hacia el reconocimiento de sí, lo que implica el trasegar por los senderos de la sabiduría, el conocimiento, las sensaciones y afecciones, que alimentan directamente el deseo por excelencia del hombre identificado por Aristóteles como el conocer “Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber. El placer que nos causan nuestras percepciones a nuestros sentidos son una prueba de esta verdad.” Aristóteles direcciona este deseo del hombre dentro de su teoría, para establecer al ser como aquel que se propone dentro de un mundo, con sus particularidades y necesidades cognoscitivas, en pro de un encuentro con su designación de ser entre los seres existentes, es decir, al remitirse a la enunciación Aristotélica que el ser se menciona de muchas maneras, en este proceso de búsqueda del ser, éste desea encontrarse consigo mismo para establecerse en el mundo como el contrario del no ser, que antes Platón presento dentro de una caverna y que en el estagirita se designa como el ser que es y el no ser que no es, o sea, estableciendo así el planteamiento metafísico que lo que es es y lo que no es, no es . Así, en lo sucesivo, la reflexión filosófica de épocas posteriores, se orienta, en efecto, con base en los planteamientos ulteriores a Parmenides, ocupándose, de la pregunta por el ser o de lo ontológico, siempre en contraposición al ente o fundamento ontico, esto es, el ser como evento contrario al no ser. Todo lo cual, se evidencia en los filósofos analíticos que asumen la pregunta acerca del ser como problema meramente del lenguaje. Wittgenstein, en su Tractatus ya lo dejaba entrever, los criterios de verdad se desprendían de la correspondencia entre las proposiciones y los hechos del mundo, se abogaba en este caso por la objetividad del lenguaje: las palabras designan objetos y su único uso se da con respecto a lo que se nombra, de ahí que las proposiciones que contengan en su construcción la palabra ser, carecen de sentido, pues no tienen un referente sensible y su posibilidad de cara a la objetividad se desdibuja frente a las múltiples acepciones que desde un ejercicio mental se pueden desprender del concepto. Sin embargo, el que se a denominado como el segundo Wittgenstein, luego de reflexionar acerca del Tractatus, enuncia en sus Investigaciones Filosóficas la posibilidad de conocer palabras que por fuera de las que designan algo, dan al hombre, la posibilidad de reflexionar acerca del mundo, en procura del conocer, y se desvanece la objetividad, para hablar de palabras que denotan significado no en tanto que cosas, sino en cuanto su uso. Es decir, el sentido o significado de las palabras únicamente se puede percibir en una reunión sucesiva de palabras, a lo que Wittgenstein ha denominado contexto. Puede verse entonces que hay múltiples formas de acceder a las realidades del mundo, realidades entendidas no solamente como lo que podemos ver, sentir o tocar, a partir de las percepciones sensitivas, sino, también como dice Heidegger, el habla silenciosa que de todas partes viene al hombre para establecer su encuentro consigo mismo. Heidegger, vuelve entonces al origen, volver a Parmenides es volver al origen; el ser se entiende en éste sentido como el pensar que toma del silencio las ideas originarias que bien evidencia Wittgenstein, como uno de los elementos que, por fuera del ejercicio mental, no pueden ser explicadas de la misma forma en que pueden explicarse las palabras que de acuerdo con la enseñanza ostensiva, señalan algo de la realidad sensible. Heidegger reconcilia como lo hizo inicialmente Parmenides lo Ontico y lo Ontologico y armoniza el no ser como la posibilidad silenciosa que dota el ser del pensar, y que en efecto, lo induce al camino de la doxa , es decir, al camino de la opinión que permite la interacción del hombre y el mundo, donde se encuentran y evidentemente se nutren. El ser es en el ente, ¿Cómo puede percibir el hombre su ser si omite lo que del mundo, vecindad mas próxima, le viene al encuentro?, ya Parmenides lo decía o mejor dicho la diosa “atención pues; que yo seré quien hable: pon atención tú por tu parte, en escuchar el mito: (.)”, el asunto está en el escuchar, Heidegger ya lo sabia, de ahí que diga, “el habla habla”, y consecuentemente se pueda preguntar, “¿Quién escucha ahora, ¿qué es lo que canta?”